Acompañada de su hija Naira, la piragüista gallega, ya clasificada para Tokio 2020, se convertirá en la deportista española con más participaciones olímpicas de la historia: seis

 

O Grove, a un paso de la desembocadura de la ría de Arosa. Aún en la penumbra de la gélida mañana gallega, los primeros rayos de sol, tenues y de tono anaranjado, comienzan a entrar por las pequeñas rendijas que ofrece la persiana. En la habitación, casi a oscuras, se dibuja la silueta de una mano que, sigilosamente, apaga la alarma que acaba de quebrantar el apacible silencio matutino.

Con cariño y delicadeza, esa mano, la misma que empuña la pala con energía sobre la piragua, es la que, poco después, despierta a la pequeña Naira, de tan solo cinco años. Las caricias van acompañadas de una enternecedora sonrisa, la de su madre, la piragüista Teresa Portela (Cangas do Morrazo, 1982), licenciada en Fisioterapia, 15 veces medallista mundial y con la plaza ya reservada para Tokio 2020 tras el bronce logrado en el K-1 200 de Szeged (Hungría). Será su sexta participación en unos Juegos Olímpicos, el récord absoluto entre las deportistas españolas.

 

Y después de despertar a Naira…

Continúo con mi rutina. Visto y doy de desayunar a mi hija, la llevo al colegio y me marcho a entrenar a Pontevedra, que está a 40 minutos de O Grove. Luego vuelvo a casa a hacer la comida, voy a recoger a Naira y, si tengo tiempo libre, lo comparto con ella. Si no, me marcho de nuevo a completar mi entrenamiento diario, que suele ser de seis horas, con un día de descanso a la semana.

 

Usted empieza en el piragüismo con cuatro años más de los que tiene su hija, con nueve. ¡Y ahora va a convertirse en la deportista española con más participaciones olímpicas!

Es un honor, la verdad. El bronce en el Mundial de Szeged ha sido la culminación de una temporada muy ilusionante. Era el gran objetivo del año y, además, me ha dado el derecho a estar en Tokio.

Sobre mis inicios, siempre digo que empecé en el piragüismo con el único propósito de estar con mis amigos y tener unos hábitos saludables. Lo demás queda en un segundo plano. Los resultados fueron llegando con los años, hasta que te planteas la opción de dedicarte a ello de manera profesional.

 

¿Ha dado Naira sus primeras paladas?

De momento, no (risas). Es muy pequeña todavía, aunque no tenemos ningún interés en que sea piragüista. Si se anima algún día, ahí estaremos para apoyarla, siempre y cuando su propósito sea pasarlo bien y disfrutar del deporte.

 

Hablando de su carrera deportiva, ¿qué supone el nacimiento de Naira en su vida profesional?

Yo quería ser madre y no lo podía posponer más con 31 años y en mitad de la Olimpiada hacia Rio 2016. No obstante, cuando tu trabajo requiere de un rendimiento físico y mental tan exigente, te sumerges en la incertidumbre, en el desconcierto de no saber cómo va a reaccionar o cambiar tu cuerpo y tu cabeza después de tal situación. Son momentos complicados, pero bonitos a la vez.

 

 

¿Cuáles fueron esos cambios?

El principal fue el cansancio. Cuando estaba embarazada, solo tenía ganas de dormir, aunque eso no impedía que prosiguiera con mi rutina, al menos durante los primeros meses. Por supuesto, cuando la barriga empezó a aumentar, tuve que dejar la piragua y ajustar ciertos aspectos tanto físicos como emocionales con el fin de afrontar mi embarazo sin ningún imprevisto.

Afortunadamente, en mi caso no hubo complicaciones, gracias, en parte, a las indicaciones de mi médico y a la ayuda de mi marido, David Mascato -expiragüista olímpico y también fisioterapeuta-. Pude combinar el deporte en pequeñas porciones con mi situación e, incluso, me ayudó a recuperar el tono físico con mayor rapidez tras el nacimiento de Naira.

 

Y no será la única madre en Tokio. Otras deportistas que han tenido experiencias similares, como Liliana Fernández o Maialen Chourraut, también tienen su billete para la cita olímpica.

Eso es. Partiendo de mi experiencia, he de reconocer que mi embarazo fue exitoso. Por supuesto, no todos los cuerpos reaccionan del mismo modo, pero, en estos niveles de exigencia, siempre es recomendable no frenar en seco tu progresión y mantenerte muy activa. Se puede ser madre y deportista de élite, sin duda. Eso sí, sin descuidar tus hábitos diarios y siguiendo en todo momento las indicaciones médicas.

 

Volviendo a su sexta participación olímpica, ¿qué supone para usted que una empresa como Iberdrola apoye y difunda la labor de nuestras deportistas?

No puedo más que expresar palabras de agradecimiento. Su trabajo es completamente necesario para que nuestra imagen pueda ser proyectada al mundo. El crecimiento y el desarrollo del deporte femenino también dependen de iniciativas como esta.