Sandra Sánchez es una talaverana de 38 años que desde bien pequeñita eligió soñar. Desde los cuatro años, decidió practicar kárate, ese arte marcial que ha ido evolucionando junto a ella con el paso del tiempo. Ha demostrado ser pionera en experiencias con el karategui puesto, en sentir emociones especiales y en demostrar el valor de esta disciplina deportiva.

Comenzó a cumplir años y a competir, aunque para ella, no era más que un juego divertido: “Empecé con las competiciones desde los 6 o 7 años, pero no las sentía así. Disfrutaba viajando. Nunca he tenido la sensación de tener que ganar a nadie, competía conmigo misma”, apunta Sánchez, que no olvidará ese periodo de felicidad: “Era muy divertido. Aprovechaba para viajar un fin de semana con un montón de compañeros y concentrarme con la selección autonómica”, recalca la castellano manchega,  quien siempre contó con el apoyo de sus padres, una familia humilde que recorría España en un Ford Fiesta por su hija.

Con el paso del tiempo, llegó la mayoría de edad, pero Sandra siempre iba un paso por delante a su generación. Con dieciocho años, fue la primera en entrar al Centro de Alto Rendimiento como karateka de la modalidad de Katas, junto a otro de los representantes españoles en los JJOO, Damián Quintero. Eufórica mientras recuerda ese periodo breve pero intenso que vivió “con mucha ilusión”, admite que “se sentía la elegida en ese momento”.

Seguía nuestra protagonista reinventándose en competiciones internacionales para medir su valía con gente nueva y así descubrir su nivel, cuando un equipo de Dubai le propuso competir para él. Asombrados por la propuesta, su entrenador pensó: “Venga, Sandra, que te están tomando el pelo”, recuerda la deportista entre risas. Cuando comprobaron que la oferta era real  y que no era ninguna broma, no se lo pensaron y a las tres semanas ya estaban en los Emiratos Árabes Unidos para enseñar a niños, y así poderse dedicar en cuerpo y alma al entrenamiento.

Sin embargo, nadie pensaría que su momento cumbre, el que marcó “un antes y un después” como ella misma indicó, fue la consecución del Campeonato de España en el año 2015. Así mismo lo reconoce: “Llevaba más de 20 años presentándome y siendo medallista, pero nunca conseguía ganar”.

Consciente de que este deporte ha evolucionado en muchos aspectos, Sánchez mira al pasado y recuerda que “era la única niña en los entrenamientos”. Sin embargo, siente orgullo cuando apunta que en la actualidad hay el mismo número de niños que de niñas en los tatamis. Sin lugar a dudas, reitera, también ha beneficiado mucho Internet: “Nos ha dado esa visibilidad y esa posibilidad de mejorar los entrenamientos para que crezca a nivel global”.

De ese constante y progresivo crecimiento, habla la de Talavera de la Reina sobre el apoyo de Iberdrola en el deporte femenino: “Que una empresa tan potente apueste por el deporte femenino te hace pensar que se pueden conseguir muchas más cosas, que la gente confía en nuestro trabajo y es un plus de motivación para seguir mejorando”, afirma una de las representantes españolas en Tokio 2020, que aún se sorprende de su elección como embajadora en la empresa: “Cuando me ofrecieron ser embajadora, no me lo creía. Fueron los primeros que apostaron por mí, y además era un proyecto que yo seguía y siempre pensaba: “Ojalá algún día esté ahí”.

Con rabia y con su mirada fija, Sánchez reivindica su deporte: “El kárate merecía ser olímpico desde hace mucho tiempo. Se practica a cualquier edad, en cualquier parte del mundo y puede hacerlo todo el que quiera, además de ser un ejemplo en cuanto a los valores que transmite de disciplina y respeto. Todos los valores que se quieren transmitir en unos JJOO, están reflejados en este arte marcial”.

Tras voltear la cabeza y hacer un repaso a su historia entre su sonrisa característica, la habilidosa karateka es consciente de que también estará en el primer grupo de personas que represente a su deporte de forma olímpica: “Estoy disfrutando de todo lo que estoy viviendo”, recalca. “Para mí era inalcanzable ganar el campeonato de España en el año 2013, y ahora ya estoy clasificada para unos Juegos Olímpicos. Cuando lo has vivido durante tanto tiempo desde el otro lado, ahora le das mucha intensidad”, declara Sánchez.

Y así, Sandra seguirá viviendo su sueño y siendo líder en experiencias. Su cuerpo, que vive con “un mogollón de emociones en un estómago llego de maripositas, y en un corazón que va a explotar de emoción y de felicidad”, continuará alimentado a esa vorágine de situaciones que ella jamás imaginó, y que en tan solo unos meses tendrá una nueva parada, destino Tokio. Allí se ubica el estadio referencia de las artes marciales, el Budokan.

Consciente de sus logros, de todo lo vivido y de lo que aún queda por llegar, Sandra se evadirá de todo para centrarse, cuando llegue el momento, en el aquí y ahora: “No sé cuál será el resultado, pero quiero que sea la mejor versión de Sandra Sánchez haciendo kárate”.