Queralt Castellet compitiendo

El gran salto de Queralt Castellet

No siempre la vida de un deportista guarda paralelismos con aquello en lo que compite. Pero en el caso de la rider española, Queralt Castellet, hay mucho de las disciplinas de invierno cuando se repasa su historia. Porque lo suyo va de subir, bajar y volver a subir. Porque sabe lo que es caer y también lo que es levantarse.

 

Queralt Castellet se encuentra ahora en la cima, disfrutando del éxito que supone seguir la estela de otros grandes nombres españoles escritos sobre el blanco de la nieve como Paquito Fernández-Ochoa o su hermana Blanca.

Ella ha mantenido bien alto el pabellón del deporte invernal español en Pekín y ha conseguido que, por primera vez, encadenemos dos Juegos tocando metal tras los bronces de Javier Fernández y Regino Hernández en Pyeongchang 2018. Es la guinda a una carrera trufada de éxitos que no parece tener límites.

Pero detrás de ese ascenso hay superación personal, rodar hasta los pies de la montaña y sacar fuerzas para remontar con la paciencia suficiente para alcanzar de nuevo lo más alto. Porque su talento invitaba a pensar que dentro había capacidad para tocar metal, pero la vida decidió que no iba a llegar a la gloria sin superar obstáculos.

 

Una mala etapa

Parte de lo que hoy es Queralt Castellet se explica gracias al nombre de Ben Jolly. El joven neozelandés se cruzó en su camino para acabar convirtiéndose en su pareja y en su entrenador. A su lado, la figura de la rider catalana fue creciendo deportivamente hasta confirmarse lo que ya venía apuntando.

La progresión iba en aumento y las perspectivas profesionales eran más que halagüeñas. Pero entonces sucedió algo que cambió el devenir de la deportista. A Ben le detectaron dos tumores cerebrales, lo que llevó al joven a quitarse la vida en el año 2015. La noticia le llegó a Queralt Castellet cuando acababa de proclamarse subcampeona mundial en la localidad austriaca de Kreischberg.

La española decidió colgar la tabla durante un tiempo para recuperarse junto a su familia y sus amigos. No pudo, sin embargo, silenciar la poderosa llamada de la nieve. Y acabó recuperando las ganas de volver a surcarla, y de competir.

 

La vuelta al ruedo

La vida a caballo entre Estados Unidos y Nueva Zelanda la cambió por la estabilidad en Suiza. Allí recuperó las sensaciones deportivas que había aparcado y se propuso seguir peleando por preseas para volver a colocarse en la cima.

Queralt Castellet con un ordenador haciendo videollamada

Desde entonces estas no han parado de llegar, jalonando sus vitrinas con oros, platas y bronces. En los X-Games, en la Copa del Mundo o en el Campeonato Mundial de Aspen 2021. Queralt Castellet ha recuperado la ambición y lo más importante, la sonrisa.

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